Los embajadores de la República de Venecia como agentes en la circulación del conocimiento
DOI:
https://doi.org/10.20318/cian.2026.10559Palabras clave:
diplomacia, Venecia, universidad, siglo XVIIResumen
En 1633, los despachos enviados al Senado por el embajador veneciano en Roma, Alvise Contarini, relatan la exitosa carrera diplomática de un alumno polaco del Studio paduano: el conde Jerzy Ossoliński. El aparato diplomático de la antigua República italiana contribuyó al desarrollo del Studio de Padua mediante la negociación para la contratación de los mejores doctores legentes con el fin de completar el rotolo de la institución. Desde este punto de vista, en las primeras décadas del siglo XVII emerge la importancia de la embajada en Roma, tanto por la multiplicidad de centros de estudio en los Estados Pontificios –entonces una buena fuente de reclutamiento– como por el inicio de gestiones para asegurar un procedimiento de titulación estatal que tuviera en cuenta el carácter compuesto del Estado veneciano, con su fuerte componente griego ortodoxo. La reputación del Studio de Padua era tal que incluso los propios embajadores extranjeros en Venecia comprendieron la importancia del reclutamiento de los doctores legentes en el marco de las relaciones diplomáticas.
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