Historia de la revista
La Historia Oral surgió como campo organizado a mediados del siglo XX, especialmente a partir del proyecto impulsado por Allan Nevins en la Universidad de Columbia en 1948, orientado inicialmente a conservar testimonios de protagonistas de la vida pública. Muy pronto, sin embargo, dejó de ser solo una técnica de recogida de recuerdos de élites para convertirse en una herramienta central en la renovación de la historia social. Sus principales problemas fueron señalados desde el principio: la subjetividad del recuerdo, los silencios, la deformación de la memoria, la influencia del presente sobre el relato y el peso de la relación entre entrevistador y entrevistado. Pero precisamente esos límites se convirtieron también en parte de su valor. La historia oral no solo permite recuperar hechos ausentes en otras fuentes, sino también acceder a experiencias, emociones, lenguajes, identidades y formas de elaborar el pasado que los documentos escritos rara vez recogen. Sus primeros grandes desarrollos estuvieron ligados a la historia del trabajo, de las mujeres, de las minorías, del exilio, de la guerra y de los sujetos subalternos.
En España, su introducción fue más tardía, pero resultó fundamental para el estudio de los pasados recientes. Entre los trabajos pioneros destaca de manera indiscutible Ronald Fraser, cuya obra Recuérdalo tú y recuérdalo a otros reunió centenares de testimonios sobre la Guerra Civil española y abrió un camino decisivo en el uso sistemático de entrevistas para estudiar la experiencia vivida del conflicto. Ese fondo, posteriormente, fue depositado en el Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona. Junto a Fraser, tuvo un papel central Mercedes Vilanova, que contribuyeron a consolidar la historia oral en España. En ese proceso fue clave la fundación de la revista Historia y Fuente Oral en 1989, que más tarde pasó a llamarse Historia, Antropología y Fuentes Orales. La trayectoria de HAFO fue decisiva porque permitió dar estabilidad a un espacio de debate metodológico y teórico, conectó la historia oral española con discusiones internacionales y abrió el campo a una interlocución más amplia con la antropología, la sociología y los estudios de género. No fue solo una revista especializada, sino una plataforma de legitimación académica para una forma de hacer historia que todavía debía defender su lugar frente a tradiciones más documentales y positivistas. A la vez, fueron surgiendo proyectos pioneros de recogida y preservación de testimonios y memorias en distintos territorios. Además del fondo Ronald Fraser, debe destacarse el papel de Mercedes Vilanova y Cristina Borderías en Barcelona, así como el Archivo de la Memoria del grupo Experiencia Moderna, centrado en la preservación de relatos de vida y memorias recientes. En Galicia, un precedente importante fue HISTORGA, impulsado por Isaura Varela, Marc Wounter y Xurxo Pantaleón en la Universidade de Santiago de Compostela, uno de los primeros esfuerzos sistemáticos de historia oral sobre la historia reciente gallega. A ello se sumaron otros proyectos pioneros o muy tempranos, como el Arxiu de la Paraula del Museu de la Paraula y distintos fondos universitarios, sindicales, locales y memorialísticos que fueron ampliando el uso de testimonios en el estudio de la Guerra Civil, el franquismo, el exilio, la transición y las memorias obreras y vecinales. Aunque no siempre se desarrollaron bajo la etiqueta estricta de “historia oral”, todos contribuyeron a ensanchar el archivo de la experiencia y a legitimar el testimonio como fuente de conocimiento histórico.

Pese a ello, y a pesar del uso creciente de fuentes orales por parte de la historia, la sociología, la antropología, la psicología social o la ciencia política, la historia oral en el ámbito peninsular no ha alcanzado todavía el grado de asentamiento institucional y disciplinar que sí ha logrado en otras latitudes. En América Latina, por ejemplo, su desarrollo ha estado muy ligado al estudio de los márgenes de la historia, a las memorias de la violencia, a los enfoques decoloniales y a la recuperación de sujetos históricamente subalternizados. En el mundo anglosajón, por su parte, ha alcanzado una consolidación institucional mucho mayor, con asociaciones, revistas, archivos y programas estables desde hace décadas. En este desarrollo ha sido especialmente importante la International Oral History Association, fundada en 1996, cuyo objetivo ha sido promover la investigación, la preservación y el intercambio internacional en torno a la historia oral, reforzando su dimensión transnacional e interdisciplinar.
Precisamente en ese contexto, y ante la amplia utilización de testimonios por parte de la historiografía peninsular sin que exista todavía un espacio suficientemente sólido y estable para articular este campo, nace esta revista. Su propósito enlaza claramente con lo que representó Historia, Antropología y Fuentes Orales, pero aspira a responder a los retos actuales de la investigación. La revista surge en 2026 a través del Instituto de Estudios Contemporáneos, Política y Gobernanza, dirigido por Álvaro Ribagorda, y del Instituto de Historiografía Julio Caro Baroja, dirigido por Laura Branciforte, ambos de la Universidad Carlos III de Madrid. Su creación está vinculada además al impulso de la Red Ibérica de Historia Oral, un proyecto iniciado por Miren Llona. Esta red está desempeñando un papel central en la dinamización de la historia oral en el ámbito ibérico, y su sinergia con el impulso de Francisco Leira, apoyado por ambos institutos, hizo posible la puesta en marcha de la revista.
La RIHO-Revista Interdisciplinar de Historia Oral nace, así, como lugar de encuentro entre disciplinas y con una clara voluntad de renovación historiográfica. Su objetivo es ofrecer un espacio para conocer y debatir los principales proyectos de archivo de historia oral, las iniciativas de innovación docente que trabajan con entrevistas, memoria y testimonio, y los estudios más relevantes que utilizan fuentes orales en historia, sociología, antropología, psicología social o ciencia política. En definitiva, surge para fortalecer un campo que ya existe de hecho en la práctica investigadora, pero que necesita todavía una mayor articulación institucional, metodológica y editorial en el ámbito ibérico.